28 de octubre de 2009

Mujer y trabajo


Uno de los fenómenos más llamativos de la evolución reciente del mercado de trabajo en Chile ha sido la incorporación masiva de las mujeres. De acuerdo a la información entregada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), entre 1994 y 2004, es decir en el plazo de una década, aumentó el número de mujeres participando en el mercado laboral en una cantidad superior al medio millón de personas. Considerando que al año 1994 la fuerza laboral femenina nacional era de 1,7 millones de personas, este incremento es equivalente a más de un 30 por ciento en una década.
Este proceso se observa estadísticamente en el incremento en la tasa de participación femenina, que es la relación entre la cantidad de mujeres en edad de trabajar y las que están trabajando o buscando trabajo, pero también se observa en la irrupción de mujeres trabajadoras en todo tipo de oficios, que hasta hace algunos años eran exclusivos para los hombres: chofer en la locomoción colectiva, en el rubro de la construcción, en la gerencia de las empresas, e incluso eventualmente en la Presidencia de la República.

Más empleo, menos hijos

La incorporación de la mujeres a la vida del trabajo remunerada ha mostrado varias características. Aquí mencionaremos algunas. Primero, una gran cantidad de los nuevos trabajos generados por la economía han sido captados por las mujeres. De acuerdo a información de estudios recientes, la mayor proporción de los empleos generados posterior a la crisis asiática fueron captados por la mano de obra femenina. Una parte de la explicación de este éxito es que las mujeres que salen a trabajar, en promedio, tienen mayor escolaridad que los hombres. Como la mayor parte de los nuevos trabajo van a personas con niveles altos o medios altos de calificación, las mujeres tienen una ventaja respecto a los hombres, producto de su mayor educación formal.
Segundo, también se ha observado que la tasa de desocupación de las mujeres es más alta y ha aumentado relativamente más que la de los varones. A pesar que han tenido mayor éxito en captar los nuevos empleos, el ritmo de ingreso al mercado de trabajo ha sido mayor, quedando un porcentaje mayor desempleada. En alguna medida esto muestra una menor flexibilidad de la mujer en abandonar el mercado laboral cuando queda desempleada, como ocurría antiguamente.
Tercero, la inserción de las mujeres en el mundo laboral remunerado ha generado una mayor demanda por atención de menores, ya sea en el sistema escolar o en el sistema preescolar, lo que probablemente ha incidido sobre la menor fecundidad observada en las últimas décadas. Ello tiene consecuencias para la visión tradicional de la estructura familiar y las pautas de relación al interior de ella.

Aún son pocas


Estas y otras características del proceso de inserción femenina en el mercado del trabajo, sin duda, incidirán en la forma de funcionamiento de nuestra sociedad. ¿Cuáles son las perspectivas de este proceso? Un primer elemento para responder esta pregunta surge de la comparación de la tasa de participación femenina a nivel nacional con la de países desarrollados. A pesar del aumento observado de mujeres en la fuerza de trabajo, la tasa de participación nacional (y regional) es sumamente baja si se la compara con la de otras naciones. Mientras la tasa nacional ha alcanzado hasta un 36 por ciento, en países desarrollados esta tasa puede alcanzar hasta un 70 por ciento.
Sin querer inferir que necesariamente en Chile tengamos que llegar a similares tasas de participación de las mujeres, esta enorme diferencia sugiere que el proceso de inserción femenina recién está comenzando, y que seguirá por varios años. Esto plantea una serie de desafíos para la sociedad. La mayor competencia por los puestos disponibles en el mercado de trabajo va a continuar.
Si bien es cierto que las mujeres tienen niveles educativos superiores a los hombres en promedio, esto es en gran medida producto de que las mujeres que participan en el mercado de trabajo son las más educadas entre las mujeres. Efectivamente, si comparamos los niveles de escolaridad entre hombres y mujeres para todas las personas en edad de trabajar, las diferencias no son significativas. La razón por la cual las mujeres que trabajan tienen mayor escolaridad es porque ha existido una "auto-selección" de las más educadas a participar en el mercado del trabajo. Pero, en la medida que se incorpore un mayor contingente a la vida laboral, los niveles de escolaridad irán descendiendo, y esta ventaja que han tenido la mujeres en el pasado en relación a los hombres ya no será tal.

Tarea flexible

Indicios de que la diferencia en escolaridad entre mujeres y hombres ha comenzado a reducirse se pueden observar en las estadísticas. En cualquier caso, la competencia por los puestos de trabajo va a aumentar, y esto con toda probabilidad va a generar una demanda aún mayor por educación, y cada vez a mayores niveles de calificación, como una forma de mejorar las posibilidades de conseguir trabajo. También la necesidad de cuidado de los niños, mientras los padres trabajan, va a requerir mayor inversión en educación preescolar y escolar básica y media. Por tanto, el incremento en las matrículas, carreras, instituciones de educación, que hemos visto en los años pasados, con toda seguridad se mantendrá en el futuro.
Otro cambio que se vislumbra como necesario es introducir la necesaria flexibilidad en la legislación y en la organización del trabajo, que permita compatibilizar jornadas parciales y horarios flexibles con responsabilidades familiares. La experiencia de países desarrollados indica que los empleos con estas características son predominantemente realizados por mujeres.
En resumen, el proceso de incorporación de la mujer al mercado del trabajo ha generado, y continuará generando, diversos cambios sociales y culturales en nuestra sociedad. Enfrentarlos de buena forma es uno de nuestros principales desafíos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario